Ambiguas horas

Son las cinco y media de la mañana y no puedo dormir. Desde la calle me llega el ruido sordo y repentino de algún coche, la voz destemplada de los borrachos, el paso apresurado del madrugador. La ciudad no duerme. Es como un animal de presa: cierra los ojos, pero tiene todos sus sentidos alerta, atentos para descubrir al incauto que se acerca en exceso a su boca.
Por las calles se mueve una pléyade de seres diminutos imbuidos de grandeza, ignorantes de su desgracia, convencidos de su felicidad. Y la ciudad los aturde con reclamos de mil colores, con millones de lucecitas brillantes que los atraen como atraen a las polillas, y les queman las alas, y los dejan tirados en el asfalto hasta que mueren sin que lleguen a comprender qué les ha pasado. Cruel destino. Cruel vida que nos obliga a girar y girar entorno a las lucecitas, que hace que olvidemos el calor del nido, la cálida piel del otro, la sonrisa blanca de los niños. Tiene razón Sabina: No hay esperanza si no somos capaces de subir  en un caballo de cartón, si no conseguimos despegarnos de la rutina, si no mandamos al carajo la vida prediseñada que tenemos. Son las seis y cuarto. Voy a dormir un ratito.
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4 comentarios sobre “Ambiguas horas

  1. Hola Juan! gracias por tu comentario, no lo escribí yo, es un poema de un amigo (Trovador de Sueños) que está incluido en uno de sus libros "La Era de los Monstruos", bonito, verdad? =) Necesitas salir de la ciudad? qué tal un destino como Finlandia? 😉
    Besos

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  2. RETRATO DE FAMILIA CON PERRITO
    La soledad a ultranza hasta las ultimas consecuencias hace que ocurran cosas como esta
    Él se llamaba confusión
    tocaba un viejo acordeón
    y a su mujer
    la conocían todos por
    Lilí Marlene
    Se enamoraron en un club
    de alterne el año catapún
    por carnavalla
    bruja huyó con Fumanchú
    después del vals
    También estaba Do Re Mi
    un perro que sin pedigrí
    sabía ladrar hasta en latín
    y no mordía
    más que al gato del alguacil.
    Y decían que era amor
    la soledad que compartían
    un día sí, cuarenta no
    Do Re Mi se lo creía
    igual que a ti igual que a mi
    la realidad los aplastaba
    pero cerraban al dormir
    los ojos y se la inventaban.
    Vivieron en cualquier ciudad
    todas se llaman ansiedad
    como Madrid.
    Les daba vértigo mirar
    al Pirulí
    Él se podía llamar Jesús
    cada Domingo al muy gandul
    su Magdalena
    le lava el pelo con champú
    de hierbabuena
    Con Do Re Mi de fiel guardián
    para el puchero familiar
    los dos ganaban su jornal
    honradamente
    por la calle de Alcalá.
    En la acera y de plantón
    haciendo ella la carrera
    y él con el viejo acordeón
    cargándose "La Violetera"
    Igual que a mi, igual que a ti
    el porvenir los acosaba
    pero cerraban al dormir
    los ojos y se lo inventaban
    Nunca la pudo retirar
    pero una vez por navidad
    el rey Melchor
    trajo un abrigo de Astracán
    de imitación
    Volvía tan pancho Do Re Mi
    un día de regar con pis
    un abedul
    y calculo mal el reprís
    del autobús
    Y nunca más vino a lamer
    el pantalón de su patrón
    cada vez que Lilí Marlene
    con un recluta
    toca el timbre de la pensión.
    Tal vez tenían razón
    puede que fuera amor
    la soledad que compartían
    un día sí, setenta veces siete no
    y Do Re Mi moviendo el rabo se lo creía
    como te pasa a ti, como me pasa a mi
    las uñas negras de la vida los arañaba
    pero cerraban al irse a dormir
    los ojos y soñaban que soñaban.
    Él era un tipo del montón
    que se llamaba Discreción
    no le digáis
    que habéis oído esta canción
    si lo encontráis.
    JOAQUIN SABINA                                                                          un abrazo                                              
    .

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  3. Dices verdades como templos amigo. Por qué no tereminamos de entender que estamos aquí de prestado, que son cuatro días, que la mitad llueve, que nos estamos dejando embrutecer el alma….
    Seguir el guión, las prisas, competir, ignorar, consumir…en eso convertimos nuestra única oportunidad de crecer por dentro, aprendiendo, amando…intentando en definitiva ser felices.
    Un saludín Juan

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