javiermariasblog

Algo muy raro pasa en España. Como siempre, por lo de­más. El Tribunal Supremo, compuesto esta vez por los señores Giménez, Varela, Monterde, Martínez Arrieta, Colmenero, Berdugo y Marchena -nombres que con­viene no olvidar, por si nos vemos algún día ante ellos-, ha conde­nado por unanimidad al juez Garzón, acusado de prevaricación por los imputados de la trama Gürtel. Y no sólo lo ha condenado con severidad -once años de inhabilitación suponen el fin de su carrera-, sino que en su sentencia le ha echado un rapapolvo humillante y descomunal. Ambas cosas contrastan con el silencio y la pasividad aplicados a otros casos semejantes, es decir, casos de escuchas de las conversaciones entre reos y abogados sin que aquéllos estuvieran imputados por terrorismo, como estipula la ley que deben estarlo para que dichas escuchas no sean ilegales. Entre ellos, el de Marta del Castillo, en que se espió para intentar…

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